Prefacio al Informe de la Comisión Galileo

Prefacio al Informe de la Comisión Galileo
Dr. Peter Fenwick, presidente emĆ©rito de la ā€˜Scientific and Medical Network’
Traducido por Alba Lucƭa Figueroa-Brown y revisado por Natalia SƔnchez

Cuando ingresé a Cambridge en 1954 para estudiar Ciencias Naturales como preliminar para una carrera en medicina, tuve la buena fortuna de tener a Lord Adrian como director de mi College (Trinity). Lord Adrian ganó el Premio Nobel en 1932 por su trabajo en la electrofisiología del cerebro y la conexión entre las neuronas. Sir Andrew Huxley, mi tutor, también había ganado un Premio Nobel en 1952 por definir las características de la membrana neuronal y de cómo los impulsos nerviosos son transmitidos a lo largo de las fibras neuronales.

Así que todos teníamos una sólida formación en el aprendizaje de cómo utilizar las teorías científicas del momento, primero para definir problemas, y segundo en nuestros anÔlisis de datos. Pero no había mención acerca de la consciencia. Nuestro curso, Ciencias Naturales, tampoco dictaba ninguna clase sobre la historia de la ciencia, o de cómo esta surgió en la época de la Ilustración. Eso formaba parte del curso de Historia y Filosofía de la Ciencia, no disponible para los científicos principiantes, y mucho menos para los médicos principiantes, esto tal vez sobre la base no verbalizada de que de hecho era una Ciencia No-Natural o, por lo menos, una ciencia innecesaria para un curso que ya estaba a tope.

Por supuesto que cuando llegamos a nuestro trabajo clínico y aprendimos sobre Freud, Charcot y otros filósofos de la mente, el tema de la consciencia no pudo seguirse evitando. Pero así como se pensaba que la histeria se debía al útero errante en las mujeres, se consideraba que la consciencia provenía del cerebro y que era creada por el cerebro. Este punto de vista era claramente insatisfactorio, y también condujo a algunos métodos de tratamiento psiquiÔtrico bastante insatisfactorios.

Estos eran los tiempos de William Sargant y su libro La Conquista de la Mente Humana (Battle for the Mind) en el cual proponĆ­a, entre otras cosas, el uso de la sedación para los estados de ansiedad, de manera que dos o tres dĆ­as manteniendo inconsciente al cerebro, le permitirĆ­a ā€˜resetearse’. Fueron tambiĆ©n los tiempos de la leucotomĆ­a, cuando aislar grandes porciones del cerebro se volvió moda como tratamiento para la esquizofrenia y el ā€˜mal comportamiento’ —se habĆ­a encontrado que domaba y calmaba a los monos. La esquizofrenia tambiĆ©n era tratada dejando a los pacientes casi en estado de coma mediante el uso de terapia con insulina, e induciendo convulsiones de gran mal (tónico-clónicas) con TEC (Terapia Electroconvulsiva). La mente era considerara simplemente como un mecanismo del cerebro, y sus desórdenes debĆ­an tratarse mecĆ”nicamente. Un perĆ­odo nada glorioso para la psiquiatrĆ­a.

Con la llegada de Maharishi, la meditación y la filosofía oriental, estaba quedando claro que las limitaciones de la ciencia occidental y su insistencia en una creación de la consciencia basada en el cerebro, ya no eran sostenibles. Para ese entonces, yo había descubierto el trabajo de Ouspensky, Gurdjieff, y había aprendido meditación según la tradición de Shankaracharya Swami Shantanand Saraswati. La introducción de la meditación transcendental en Occidente por parte de Maharishi significó que ahora existía una serie de temas acerca de la meditación que podían estudiarse, y pronto se volvió evidente que la meditación podía producir estados mentales muy amplios que se reflejaban en cambios de la fisiología del cerebro, pero que llegaban mucho mÔs allÔ de esto. La parapsicología también estaba madurando, con estudios sobre telepatía, visión remota y psicoquinesis. Ian Stevenson incluso produjo buenos datos científicos, sugiriendo que las vidas pasadas podrían haber tenido una base en la realidad, y que no siempre podían explicarse sobre la base de falsa memoria.

A medida que la mecƔnica cuƔntica se entendƭa mƔs y mejor, el antiguo punto de vista de la fƭsica ya no podƭa mantenerse para lo mƔs pequeƱo y lo mƔs grande; y con el reconocimiento de que cada partƭcula en el universo es afectada por cada una de las otras partƭculas, el entonces punto de vista de la fƭsica con sus efectos aislados necesitaba modificarse.

Se volvió evidente que existĆ­an dos facciones: los materialistas quienes definĆ­an la consciencia como proveniente del cerebro, y no veĆ­an mĆ”s allĆ” de esto. El de ellos era un universo mecĆ”nico en donde la alegrĆ­a, el amor, el Ć©xtasis, la amistad, eran solamente la acción de las neuronas dentro del cerebro. Daniel Dennett, quien defiende fuertemente esta posición, me dijo una vez en una conferencia: ā€œCuando comprendamos completamente la función de las neuronas, no quedarĆ” nada mĆ”s quĆ© explicar acerca de la conscienciaā€. Este radical punto de vista materialista se volvió convencional en muchas ramas de la medicina y la ciencia. A este nivel la ciencia no mencionaba la consciencia. Cualquier sugerencia de que la consciencia podrĆ­a ser una sustancia diferente, incluso algunos llegaron hasta decir, la sustancia fundamental, en lugar de material, serĆ­a atacada automĆ”ticamente por los materialistas, negando asĆ­, esa corriente de pensamiento.

A medida que los asistentes a la iglesia disminuyen y la gente se torna mĆ”s reacia a aceptar artĆ­culos acerca de la fe sin cuestionarlos, una nueva religión estĆ” surgiendo; la religión del materialismo. Pero como cualquier religión, el materialismo defiende fuertemente su propia fe, y se resiste a admitir cualquier evidencia que no encaje en su estructura de creencias. Su visión mecanicista del mundo y de la raza humana ha conducido a una sociedad empobrecida donde los modelos mecanicistas de la conducta humana —seres sin consciencia ni alma— degradan a nuestras sociedades y al planeta.

Este punto de vista cientĆ­fico generalizado ha llevado a que las universidades se rehĆŗsen a contratar cientĆ­ficos que piensen diferente. Cuando comencĆ© a interesarme en las experiencias cercanas a la muerte y sus muy ampliados estados de consciencia, fui confrontado por materialistas que afirmaban que estos estados eran solamente otro mal funcionamiento del cerebro. Cuando se demostró que estos se presentaban en el momento en que, seguido a un paro cardĆ­aco el funcionamiento del cerebro estaba ausente, la explicación materialista fue que aunque no se viera actividad en la superficie del cerebro —EEG plano—existĆ­an funcionamientos secretos en el cerebro que lo explicarĆ­an todo. Esto no tenĆ­a sentido ya que un estado consciente de tal magnitud implicarĆ­a enormes Ć”reas del cerebro funcionando correctamente, para lo cual no habĆ­a evidencia cientĆ­fica. La Ćŗnica explicación era que la consciencia y el cerebro no siempre se entremezclan de la forma en que creĆ­amos. Esta es una lĆ­nea de pensamiento apasionante de seguir, pero es ridiculizada por el paradigma cientĆ­fico materialista.

Existen muchos otros ejemplos, todos los cuales apuntan a las limitaciones impuestas al pensamiento por la Iglesia del Materialismo. Esto no quiere decir que el materialismo es siempre limitante; para muchos aspectos de la ciencia la visión materialista del mundo es adecuada; pero cuando se trata de la mente humana, el concepto del alma, y nuestro entendimiento de los estados mentales mĆ”s amplios que se presentan, citando a Sherrington: ā€œPone su dedo sobre sus labios y callaā€.

ĀæQuĆ© tan extendida y quĆ© tan fuerte es la Iglesia del Materialismo? He encontrado que la mayorĆ­a de los cientĆ­ficos materialistas, cuando se les pregunta si son conscientes o simplemente una mĆ”quina, niegan ser simplemente mĆ”quinas. Intente preguntando esto a sus colegas materialistas. ĀæSon autómatas? Al menos uno de mis colegas tuvo la decencia de decir que no durante los fines de semana, pero que definitivamente sĆ­ entre semana. Quienes han trabajado con el cerebro mĆ”s de cerca y lo comprenden, llegan a la misma conclusión: la mente y el cerebro son diferentes. Wilder Penfield, el gran neurocirujano canadiense, pionero de la cirugĆ­a para la epilepsia, dijo: ā€œPara mĆ­, luego de toda una vida profesional dedicada a tratar de descubrir cómo el cerebro es el responsable de la mente, es una sorpresa ahora descubrir durante esta revisión final de la evidencia, que la hipótesis dualista [separación de mente y cerebro] parece ser la mĆ”s razonable de las dos posibles explicaciones… La mente entra y sale de acción con el mecanismo cerebral mĆ”s alto, es verdad; pero la mente tiene energĆ­a. La forma de esa energĆ­a es diferente de los impulsos nerviosos que viajan a travĆ©s de las vĆ­as axonales. AhĆ­ lo dejo.ā€

Tener una ciencia que se limita únicamente a las cosas materiales, deja de lado toda una variedad de aspectos de la experiencia humana. Es destructivo porque no se considera la naturaleza fundamental del ser humano y consciente. Los intentos desperados de los materialistas de limitar la consciencia al cerebro son brillantemente resumidos por Bernard Kastrup, un científico de la computación:

ā€œAquĆ­ tenemos a la consciencia tratando de hacerle creer a la consciencia que ella no existe… La motivación detrĆ”s del materialismo eliminativo es clara: Si negamos la existencia misma de la consciencia, Ā”ya estĆ”!; ya no necesitamos explicarla.ā€ 1

El Informe Galileo desafía de frente la posición materialista, y se propone examinar la evidencia en contra de ésta y de la estructura de creencias de nuestra comunidad científica actual. Como Galen Strawson, filósofo académico de la Universidad de Texas dijo:

ā€œEsta negación particular (de la existencia de la consciencia) es la cosa mĆ”s extraƱa que ha sucedido jamĆ”s en toda la historia del pensamiento humano.ā€

La finalización y circulación de este Informe es tanto oportuna como importante. Le deseo todo el éxito en ayudar a demostrar lo incoherente de nuestra cultura materialista, y en ayudar a los materialistas a que se vean a sí mismos simplemente como una Iglesia mÔs.

El Dr. Peter Fenwick es mĆ©dico especialista en neuropsiquiatrĆ­a, emĆ©rito de la Unidad de Epilepsia del Hospital Maudsley (Maudsley Hospital) el cual dirigió durante veinte aƱos. Entre el 2000 y el 2009 pasó varios meses al aƱo trabajando en el campo de la magnetoencefalografĆ­a, en un laboratorio de investigación de la neurociencia en Japón. El Dr. Fenwick se ha interesado por largo tiempo en el funcionamiento del cerebro y el misterio de la consciencia, y ha publicado un vasto nĆŗmero de investigaciones relacionadas con estados alterados de consciencia, y anormalidades de la consciencia y el comportamiento, experiencias cercanas a la muerte, y experiencias del final de la vida. Ha investigado la meditación a profundidad, y continĆŗa estando interesado en la relación entre estados meditativos, cognición, la no dualidad, y la función cerebral. Es presidente emĆ©rito de la ā€˜Scientific and Medical Network’.

1. En el texto original en inglƩs citado de: Bernardo Kastrup. Brief Peeks Beyond. Winchester, UK: iffBooks;2015:60-61.

Artículo escrito en el Informe de la Comisión Galileo, MÔs allÔ de una Visión Materialista del Mundo, hacia una Ciencia Expandida por Harald Walach en nombre de la Scientific and Medical Network (2019). https://galileocommission.org/report/


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