Un Llamado para un Renacimiento del Espíritu en las Humanidades
Dra. Athena D. Potari
en nombre de la Comisión Galileo

¿Pero nosotros? ¿Quiénes somos nosotros?
Plotino, Enéada VI, 4
Resumen y propósito
Este documento es continuación del Manifiesto para una Ciencia Post materialista de 2014 (Manifesto for a Post-Materialist Science [https://opensciences.org/about/manifesto for-a-post-materialist-science] y del Informe de la Comisión Galileo, Más allá de una cosmovisión materialista: Hacia una ciencia expandida (Galileo Commission Report, Beyond a Materialist Worldview: Towards an Expanded Science (https://galileocommission. org/report/) de 2018, como un llamamiento a las humanidades para ser liberadas y expandidas más allá de las restricciones ontológicas y epistemológicas existentes.
Desde el siglo XVII, la gran narrativa de la cultura occidental ha sido crecientemente dominada por una cosmovisión mecanicista, materialista e instrumental organizada en las ciencias naturales. Esto ha implicado una ontología naturalista basada en la primacía de la materia y una epistemología reduccionista de tipo de abajo hacia arriba, por la cual el todo es visto como la suma de las partes y el universo físico como un sistema causal cerrado. Según estos presupuestos filosóficos, implicados en esta visión, la consciencia es generada por y ubicada dentro del cerebro; por tanto, la muerte física significa el final y la extinción de la persona como entidad consciente.
Sobre esta base, nuestro mundo interno de ideas, emociones, conceptos, nuestra vida consciente en todas sus formas y facetas, se presume en gran medida como un epifenómeno, un subproducto secundario o colateral reducible y derivado a la realidad primaria y última de la materia, tal como Francis Crick lo expresó en la memorable frase “no somos sino un paquete de neuronas”. Nosotros sostenemos, como lo hace C. S. Lewis en su libro La abolición del hombre, que esta visión destruye el sustento mismo del pensamiento racional, la voluntad o libre albedrío, el significado, el propósito, el valor y la responsabilidad moral.
El presente documento tiene un triple propósito. Primero, identificar las conexiones íntimas e interdisciplinarias entre ciencias y humanidades. Segundo, explicar las formas o vías en las que los supuestos materialistas han trasvasado desde las disciplinas científicas y permeado las humanidades. Y tercero, considerar críticamente las implicancias de los descubrimientos o hallazgos científicos post materialistas, en la forma en que las humanidades pueden redefinir y expandir su perspectiva, objetivos y prácticas hacia niveles cada vez mayores de diversidad, autoconciencia, libertad académica y apertura mental.
Antecedentes y diagnóstico
El filósofo de la religión Jeffrey Kripal[1] señala que muchos académicos en las humanidades, así como muchos científicos, “asumen la misma metafísica (concepción de la realidad)… del fisicalismo o materialismo. Ellos creen sinceramente que tienen una respuesta clara y convincente al problema de la relación mente-materia: la materia es realmente real y la mente realmente no lo es”. Crucialmente, él argumenta que, “este mismo materialismo ha sido muy destructivo de las humanidades, mayormente por representar lo humano como literalmente inexistente y seguramente irrelevante en un mundo tecnológico de objetos y cosas”, concluyendo que “este salto que fusiona ciencia, materialismo y verdad filosófica es devastador para las humanidades”. Esto representa una crisis cultural fundacional de primera magnitud que es esencialmente espiritual y metafísica. ¿Quiénes somos en realidad?
Compartimos su diagnóstico. “Si queremos revigorizar y renovar las humanidades (y nuestras humanidades), debemos abordar con firmeza y sin apologías la ontología dominante del materialismo que las está destruyendo actualmente, tanto desde adentro como desde afuera”. Esto significa cuestionar la visión del ser humano como nada más que una compleja máquina biológica y del cerebro como una “computadora de carne” (Marvin Minsky), que nosotros creemos que conduce a un auto socavamiento general de las humanidades con numerosas repercusiones éticas, culturales y políticas. Semejante renovación de los fundamentos de las humanidades requiere una reconstrucción metafísica radical y una inversión de la supuesta primacía de la materia.
Al estudiar los orígenes y desarrollo desde los tiempos clásicos y hasta el Renacimiento, vemos que las humanidades comenzaron como una forma de contemplar y organizar las dimensiones espirituales e intangibles de la vida humana y del self, de forma de abarcar nuestro espíritu humano en todos sus aspectos y dar cuenta de sus aspiraciones más profundas.
Al perder conexión con su fuerza original y su propósito fundacional, las humanidades han perdido su otrora apreciado estatus y su atractivo popular. La comprensión cultural perdida relativa al rol y el significado de las humanidades se ve reflejado en la declinación del interés y el financiamiento en favor de temáticas STEM (Science, Technology, Engineering and Mathematics por sus siglas en inglés – Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) más ‘prácticas’ y ‘reales’, y puede estar directamente relacionada con la pérdida de espíritu y desvalorización de lo humano en el seno de las humanidades y de la sociedad.
En un sentido más general, hace cerca de 60 años atrás, Thomas Kuhn popularizó el uso del término “paradigma” en su renovador libro La estructura de las revoluciones científicas. Conceptualmente, los paradigmas están cercanamente relacionados con las cosmovisiones, sirviendo como conjuntos de presupuestos axiomáticos que funcionan como ‘lentes’ y metáforas a través de las cuales comprendemos y explicamos el mundo. El término “cosmovisión” es una traducción del alemán Weltanstaung, que literalmente significa la forma en que vemos el mundo. Crucialmente, tal como argumenta Richard DeWitt, “una cosmovisión no es meramente una colección de creencias separadas, independientes, sin relación entre sí, sino en cambio es un sistema de creencias interrelacionadas, entretejidas e interconectadas entre sí”, con una coherencia lógica interna caracterizada por E. O. Wilson como conciliencia.
Para el académico religioso Ninian Smart, las cosmovisiones dicen a la gente quiénes son en relación a la sociedad y el universo, y definen la verdadera constitución del self o sentido del yo. En consecuencia, tanto la autoimagen como la imagen del mundo están íntimamente conectadas, de forma tal que la visión dominante de lo humano como una máquina biológica compleja se espejea en y por una comprensión mecanicista del universo y de la vida. La forma en que vemos la naturaleza del mundo, -un proceso basado mayormente en las creencias, interpretaciones y supuestos establecidos socialmente-, determina en gran medida la forma en que percibimos la naturaleza de nosotros mismos y viceversa.
El historiador de la cultura Richard Tarnas va aún más lejos al sostener que las cosmovisiones realmente crean mundos en los términos de nuestras creencias y teorías, nuestras metáforas, nuestros mitos, nuestras asunciones interpretativas: “Nuestra visión del mundo no es simplemente la forma en que vemos el mundo. Llega hacia el interior a constituir nuestro ser más interno y hacia el exterior, hasta constituir el mundo. Profundamente, configura nuestro mundo psíquico”.[2] Un desafío a nuestra visión del mundo, por tanto, también constituye psicológicamente un desafío a nuestro self. Esto explica la resistencia tan extendida, e incluso la negativa, a examinar evidencia que entre en conflicto con nuestra cosmovisión, aunque esa evidencia pueda estar derivada a través de métodos y procesos que aceptamos como legítimos.
Actualmente, la cosmovisión dominante en nuestras sociedades occidentales es el materialismo científico, que puede endurecerse hacia un ‘cientificismo’ en su forma más ideológica: esta metafísica postula la primacía de la materia sobre la consciencia y la reducción de la consciencia a la materia- por ejemplo, la asunción de que la mente o la consciencia, incluidas todas las experiencias emocionales y psicológicas, son productos secundarios de la actividad física en el cerebro y, por tanto, reductibles a procesos materiales. Semejante visión considera el universo como desprovisto de espíritu, propósito o teleología.
Esto, evidentemente, tiene profundas repercusiones en la forma en que interpretamos la naturaleza de los seres humanos. Tal como ya hemos señalado, la idea del ‘ser humano’ en el corazón de las humanidades actualmente continúa embebida en la visión del mundo mecanicista-materialista subyacente, llevada adelante por las ciencias positivas. Este supuesto se refleja en los recientes desarrollos convergentes en biotecnología, nanotecnología, inteligencia artificial, robótica y computación, en las que el objetivo que ahora aparece sería la fusión de los humanos con las máquinas dentro de un sistema de control tecnocrático centralizado. Semejantes desarrollos se basan y se justifican por la metafísica mecanicista del ser humano como una máquina biológica compleja o un sistema operativo que también apuntala el Transhumanismo de Silicon Valley y la Cuarta Revolución Industrial o Gran Reseteo invocado por el Foro Económico Mundial.
La dominancia ideológica del cientificismo se debe tanto al éxito fenomenal y al prestigio de la ciencia con su pretensión de ser la última y única fuente válida de conocimiento verdadero, como también porque los paradigmas científicos, debido a la percepción de su legitimidad, se transforman en paradigmas culturales que dan forma y definen la visión del mundo colectiva de generaciones enteras, y crucialmente, lo que se considera real e irreal.
A pesar de los esfuerzos de una minoría de teóricos para desafiar tales asunciones, casi todas las disciplinas y la mayoría de las ramas analíticas postmodernas dentro de las humanidades se basan en el postulado de que el ser humano es una máquina biológica compleja, capaz de pensamiento lógico, emociones, racionalidad y amor, pero en última instancia reducible a sus funciones químicas, biológicas, sus predisposiciones genéticas y su situación cultural relativa, y eventualmente su cuerpo físico. Los seres humanos son vistos como individuos separados unos de los otros y de la naturaleza, reducibles a factores genéticos, neurobiológicos y el contexto sociocultural.
Naturalmente, semejante visión del ser humano históricamente condicionada no es de ninguna manera la única forma posible de conceptualizar la experiencia humana. Las cosmovisiones no materialistas e indígenas proveen lecturas alternativas de la naturaleza y la esencia de lo humano, de la humanidad y, por tanto, de las humanidades en tanto disciplinas académicas. Por ejemplo, la noción helenística de ‘psique’ y ‘nous’, la noción medieval de ‘ánima’, la noción filosófica india de ‘atman o self’, incluso el ‘espíritu’ hegeliano. Estas han sido marginadas como narrativas potencialmente legítimas para proveer respuestas válidas a la pregunta de Plotino sobre ‘quiénes somos’. Las visiones alternativas han ido perdiendo gradualmente su prestigio, mientras la interpretación materialista ha ganado un estatus hegemónico como ‘conocimiento de poder’, ‘opinión consensuada’ o ‘verdad establecida’ vis-a-vis (con respecto) a sus predecesoras, incluso desvalorizándolas como supersticiones ‘ingenuas’, ‘ignorantes’, ‘tribalistas’ y ‘espiritualistas’ sin sentido.
Como resultado, la percepción de la meta de la práctica académica, junto con sus métodos, ha sido en gran medida condicionada por estos presupuestos ontológicos predominantes. La finalidad del conocimiento ya no es despertar nuestra psique de la ‘caverna de la ilusión’, como Sócrates proponía, ni nuestra unión en gnosis con la Unidad del Ser, como tanto los académicos helenísticos e indios presumían, ni inclusive el propósito aristotélico más modesto de alcanzar la virtud, que estaba en el corazón de la educación clásica. Dentro del marco del entrenamiento académico de las humanidades escasamente se nos educa para ‘conocernos a nosotros mismos’, considerando esto como el quid del conocimiento, tal como sugería el oráculo de Delfos, ni tampoco aprendemos cómo conectar y cultivar nuestra ‘psique’ con sus facultades específicas, tales como la razón lógica y trascendental, la intuición, la imaginación, ‘el ojo del corazón’ y la voluntad.
Un impulso del proyecto postmoderno en los años recientes se ha dedicado a cuestionar y deslegitimizar el racionalismo iluminista, la hegemonía epistemológica de la ciencia moderna y la comprensión de la ‘razón’ desde el hemisferio izquierdo. El deconstructivismo, el constructivismo social, la interseccionalidad y otras corrientes de pensamiento postmodernos iniciaron un compromiso crítico con la problemática del cientificismo y el materialismo.
A pesar de que las vertientes posmodernas cuestionan la hegemonía científica del materialismo y las metodologías positivistas, no alcanzan a intentar el salto que significa articular una ontología y epistemología post materialistas coherentes y sistemáticas como un acto de profunda reconstrucción metafísica.
Consecuencias
- Pérdida de la diversidad cultural
La supremacía y la supuesta incontestabilidad de un paradigma ontológicamente materialista en las ciencias o en las humanidades de las principales universidades dictan el contexto de las epistemologías aceptables dentro de las cuales pueden darse las discusiones académicas. Esto ha resultado en formas de discriminación encubiertas o abiertas hacia o en contra de otras cosmovisiones, sirviendo para deslegitimizar y socavar tradiciones no materialistas de conocimiento y sabiduría indígena divergentes, conduciendo a una monocultura incorporada sistemáticamente en la academia occidental.
En respuesta a esta situación, muchos teóricos de distintas vertientes teóricas, tales como el posmodernismo, el constructivismo, la teoría crítica, etcétera, han dirigido su atención hacia temas de diversidad, colonización y la necesidad del multiculturalismo dentro de la academia. Como resultado, más instituciones y teóricos están siendo conscientes de la importancia de una mayor polifonía cultural y de la decolonización de nuestras prácticas académicas.
Nosotros creemos que hacerse conscientes de los rasgos ontológicos inscriptos puede conducir a un nivel aún mayor de diversidad, autopercepción, libertad académica, apertura mental y espacio para explorar nuevas epistemologías post materialistas dentro de las humanidades.
- Libertad académica y discriminación epistemológica
Acompañando la predominancia de la cosmovisión materialista como la columna vertebral cultural de la academia occidental, está el prejuicio correlativo que subyace en las corrientes centrales de las humanidades, que favorece a priori la investigación basada en el ‘hemisferio izquierdo’ por sobre los enfoques del ‘hemisferio derecho’. Esto incluye la priorización del cálculo racional, de la razón discursiva, de la lógica lineal y del empirismo por sobre otras formas de conocimiento, lo cual ha terminado marginalizando facultades humanas claves tales como la intuición, la imaginación y la inteligencia emocional, tal como discute en profundidad Iain McGilchrist en The Matter with Things (El Problema con las Cosas).
Esta degradación de estas formas de conocimiento como ‘menos’ académicas o ‘legítimas’ está escrita dentro de la estructura normativa de la academia moderna y se refleja en el mismo modo de enseñanza académica, en la escritura y en los requerimientos de evaluación y desempeño en las universidades.
Esta discriminación epistemológica ha limitado a su tiempo nuestra libertad académica y reforzado la exclusión de las tradiciones de conocimiento no materialistas que nos brindan herramientas tanto para situarnos y criticar nuestras propias presuposiciones, tanto como para producir potencialmente insights que pueden conducir a la transformación y evolución del conocimiento.
Dicha discriminación epistemológica se puede correlacionar con la perpetuación de los residuos patriarcales sistémicos y el desarrollo de epistemologías más femeninas o feministas que podrían adelantar la equidad de género.
- La vida dividida: Dando cuenta de la discriminación epistemológica dentro de las humanidades
Como resultado del prejuicio tácito contra las ontologías y epistemologías no materialistas como puntos de partida válidos para la investigación académica, un número significativo de nuestros colegas dentro de las humanidades, como lo demuestra una plétora de testimonios, últimamente han recurrido a una suerte de vida dividida, por lo cual las creencias personales, así como las experiencias que se alejan de la narrativa prevalente deben ser ocultadas privadamente y separadas de las posiciones y argumentos académicos por miedo al rechazo e incluso la expulsión de la comunidad académica.
Esto ha resultado en formas tácitas de discriminación contra los practicantes de las humanidades que se acercan a su trabajo desde una visión ontológicamente diferente. Nosotros argumentamos que tanto la discriminación abierta como encubierta es injustificada, y tratar esto más abiertamente puede fortalecer la libertad académica, la igualdad y diversidad dentro de las universidades.
- Consecuencias sociales y políticas
Ver la materia como la última y única realidad y a los seres humanos como separados inherentemente ha promovido una cultura de individualismo insano, de autocentración, separatividad y consumismo extremo. El capitalismo moderno y el neoliberalismo, basados en la priorización de la riqueza material y el interés personal, han contribuido al incremento de la inequidad social y una pérdida generalizada de significado en las generaciones jóvenes. Aunque esto se debe en gran medida a la apropiación política del materialismo científico y al neodarwinismo competitivo en lo que hace a las instituciones de poder político; no obstante, ha sido reforzado también por las humanidades.
- Lo verde – Parámetro medioambiental
Nuestras cosmovisiones moldean la manera en que tratamos a la naturaleza. El modelo actual según el cual la materia, incluida la naturaleza, es vista como algo ‘muerto’ y los seres humanos como extrínsecos a la naturaleza, es un factor significativo en las formas destructivas sin precedentes en las que los seres humanos han tratado el mundo natural, llevando a una arrogancia medioambiental y a la degradación ecológica correspondiente.
La priorización de los enfoques del hemisferio izquierdo de manipulación y control en la teorización económica y política también ha llevado a una economía de explotación y a una ideología del crecimiento económico desconectado de la ética, la compasión, la unidad y el respeto por todas las formas de vida y del planeta mismo.
Un llamamiento para un Renacimiento del Espíritu en las Humanidades
La evidencia acumulada desde la investigación científica de la frontera post materialista indica que estamos frente a un cambio de paradigmas expansivo y a una nueva visión del mundo emergente que trascenderá el ya obsoleto paradigma materialista. Muchos estudios ya están apoyando la posición que indica que la consciencia debe ser contemplada como algo principal, no local y unificado, más que como algo secundario, y reducible a la materia. Esta comprensión implica repercusiones cruciales y radicales para la forma de comprender la naturaleza de nuestro mundo, de nosotros mismos y, por tanto, nuestra relación con la Naturaleza. Esto expande y profundiza la visión de lo humano; por eso este llamamiento para el Renacimiento del Espíritu en las Humanidades.
Sostenemos que elevar la consciencia e involucrarse en investigaciones críticas y auto reflexivas sobre los presupuestos existentes y las limitaciones que apuntalan las humanidades puede ayudar a limpiar sus residuos dogmáticos y patriarcales. Esto puede fomentar un genuino diálogo interdisciplinario e intercultural, proponiendo nuevas posibilidades que renovarán y fortalecerán las humanidades.
Argumentamos que este reexamen crítico y creativo de las asunciones centrales de las humanidades también les permitirán encarnar en forma más auténtica los principios de libertad académica, diversidad, no discriminación, equidad, apertura mental y espíritu innovativo que desde sus comienzos forman el corazón de sus valores fundacionales.
Hacemos un Llamado para desmantelar los sesgos culturales del paradigma materialista al permitir ontologías alternativas y epistemologías correlativas sobre la naturaleza del mundo, la consciencia y el ser humano como visiones alternativas igualmente válidas y merecedoras de consideración e investigación académica.
Impulsamos a los teorizadores a abrirse hacia niveles de diálogo más amplios y hacia la consideración de cosmovisiones no materialistas, expandiendo también el alcance de los enfoques epistemológicos permisibles para poder incluir metodologías no discursivas, auto reflexivas, participativas y métodos de investigación que evolucionen y transformen no sólo el conocimiento sino también a sus practicantes.
Creemos que acercarnos a las humanidades, informados por los descubrimientos de las ciencias post materialistas, puede reflejar una nueva luz sobre las posibilidades epistemológicas que tienen el potencial para:
- Encarnar la práctica, para superar la grieta entre ‘academia versus práctica’;
- Re-enfatizar modos de conocimiento más contemplativos y experienciales, demostrando cómo ‘lo experiencial puede ser académico’;
- Cambiar nuestra visión del mundo colectiva y auto percepción hacia formas que promuevan una mayor conciencia ambiental y formas de participación políticas más inclusivas y compasivas.
Finalmente, invitamos a los miembros de las humanidades a investigar las implicancias de la unidad y la primacía de la consciencia para nuestra comprensión del estatus y naturaleza del ‘ser humano’ alrededor del cual se desarrollan las humanidades, la naturaleza del self humano.
A la luz de esta creciente comprensión post materialista de la naturaleza de la consciencia, invitamos a las humanidades a revisitar las raíces culturales en las tradiciones helénicas y otras.
Es tiempo de reconsiderar las palabras de Heráclito: “El Logos es uno y compartido”, y comprender sus implicancias en la forma en que nos acercamos no sólo al conocimiento, sino también a la vida, a las relaciones y la ética.
Es tiempo de reintegrar el amor (Philotis) a la sabiduría (Sofía), nuevamente en nuestras prácticas académicas, así como reconsiderar la antigua noción platónica de que la gnosis (el conocimiento) es el giro experiencial de la consciencia sobre sí misma, con el propósito de reconocer en forma directa la unidad del Logos, la naturaleza no dual de la conciencia.
Expandir nuestras prácticas académicas para estimular la exploración de la naturaleza del ser y la unidad subyacente de la conciencia puede redefinir nuestra comprensión de la naturaleza y la profundidad del ser humano en las humanidades de una manera consistente con los descubrimientos de las ciencias post materialistas. Esto incluye las implicancias éticas de los profundos estados de unidad en los que no hay un sentido final de separación, en los que comprendemos que somos uno con los otros, que nos conduce a ser más cuidadosos con los demás, con la vida y con la tierra.
Los invitamos a apoyar este Llamado por un Renacimiento del Espíritu en las Humanidades, subiendo el enlace a esta publicación a su propia página web o redes sociales. Así como a convertirse en firmantes del Llamado accediendo a: https://galileocommission.org/projects (en inglés), y compartiendo el enlace para invitar a más a hacerlo.
[1] Jeffrey J. Kripal, The Future of the Humanities, pp.375 ff in: Consciousness Unbound (Rowman and Littlefield, 2021). [Traducción al español: El futuro de las humanidades, pp.375 y ss. En: Conciencia Desatada (Rowman y Littlefield, 2021)].
[2] Richard Tarnas, Cosmos and Psyche: Intimations of a New Worldview (New York, Viking: The Penguin Group, 2006) p. 16. [Traducción al español: Cosmos y Psique. Indicios para una nueva visión del mundo. Girona, Atalanta, 2017].
La Dra Athena D. Potari es Fellow del Centro para Estudios Helenísticos de la Universidad de Harvard y Miembro de la Comisión Directiva de la Comisión Galileo.
Este artículo fue publicado en su versión original, en inglés, en la Revista Paradigm Explorer 2021/3. pp. 7 – 9. Haz click aquí para consultarlo.
Traducción realizada por Ana María Llamazares y revisada por Natalia Sánchez
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